"Era uno de los grandes escritores que teníamos en América Latina, lamento que no se lo haya reconocido y premiado lo suficiente, merecía el Cervantes", comentó ayer, desde México, su amigo Carlos Fuentes, que lo conoció en 1962, cuando Tomás Eloy Martínez era jefe de redacción de Primera Plana. También desde México lo recordó el novelista y periodista Juan Villoro, que lo definió como "un maestro de la crónica". Según contó su hijo Ezequiel, también se comunicaron con la familia Gabriel García Márquez, José Saramago y el periodista estadounidense Jon Lee Anderson.
La carrera de Martínez arrancó como corrector en La Gaceta de Tucuman, y ayer el diario de su ciudad natal evocó esos primeros pasos de quien se convertiría en uno de los principales periodistas y cronistas de la Argentina gracias a libros como Lugar común la muerte. "Lo conocí cuando él tenía 16 años (...) y durante nuestras seis décadas de amistad, siempre hablamos de dos temas: la enfermedad y la muerte. En esas materias, él siempre ocupó el rol del optimista", recordaba ayer Daniel Alberto Dessein, director del suplemento cultural de la Gaceta, en las páginas del diario tucumano.

